Argentinos llevan 20 años recorriendo el mundo en un Graham Paige de 1928

Una década atrás, Revista Autoguía tuvo el privilegio de entrevistar a estos argentinos que partieron desde Buenos Aires rumbo a Alaska, desafío que tras completarlo, daría inicio a otro: recorrer el mundo y llevan 20 años haciéndolo. De 20 países, ya pasaron por 116 a bordo de un clásico con 92 años. 

Desde Rio de Janiero (Brasil) – Mientras arregla las cosas para salir a la ruta, Herman Zapp descubre una pequeña pérdida en el radiador y llama a su hijo: “Wallaby, ¡traé un huevo!”

El chico obedece, curioso en saber para qué lo va a ocupar: “Abrí la tapa del radiador y tirá la clara del huevo adentro”.

“El huevo bajará hasta el punto de la fuga y tapará el agujero cuando se caliente el agua. Va a funcionar por un tiempo”, explica Herman, repitiendo un secreto de la época en que su auto, un Graham-Paige de 1928, era nuevo.

“¿Ves que funciona?”. Pérdida sellada, equipaje preparado y allá van ellos hacia la ruta nuevamente.

La familia Zapp -padre, madre y cuatro retoños- rueda por el mundo a bordo del viejo automóvil que, muchas veces, sirve de casa y de escuela. En 20 años ya recorrieron 385 mil kilómetros, por 116 países.

Para ser exactos, cuando partieron de Los Cardales, en la provincia de Buenos Aires, en enero de 2000, Candelaria y Herman ni siquiera tenían hijos. Fueron naciendo por el camino: Pampa (que hoy tiene 17 años), en Estados Unidos; Tehue (15), en Argentina; Paloma (12), en Canadá; y Wallaby (10), en Australia.

Después de muchos años acompañando las aventuras de los Zapp por internet, pudimos conocerlos personalmente en su estadía en Río de Janeiro. Se quedaron aquí unos diez días, para ver el Carnaval, y partieron el jueves pasado, rumbo al Sur. Es necesario, después de todo, volver a Argentina (vía Uruguay) para cerrar la vuelta al mundo.

–¿Y después?
–Después vemos, comenta como quien no quiere la cosa el padre trotamundos.

Novios desde la adolescencia, Cande y Herman ya llevaban seis años casados cuando decidieron llevar a la práctica una antigua idea: viajar por tierra a Alaska para cumplir, con cierto atraso, con un “rito de iniciación” de muchos jóvenes argentinos. Tenía que ser un clásico viaje mochilero, haciendo dedo y viajando en transporte público.

Al conocer sus planes, un amigo de la pareja les ofreció un auto para hacer el viaje. No era un auto cualquiera, sino un Graham-Paige sedán de cuatro puertas, modelo 610, azul oscuro, fabricado en 1928. Un antiguo dueño entregó el vehículo como parte de pago de una deuda y el nuevo propietario no sabía qué hacer con aquél automóvil antediluviano, y decidió “patear” el problema para afuera.

“Me apasioné por el Graham-Paige apenas lo vi. Y mirá que nunca fui una persona muy ligada a los autos. Ni siquiera sabía lo que era una válvula”, cuenta Herman, que se formó en Zootecnia.

Solamente alguien que no entiende nada de automóviles podía tener la idea de encarar un viaje largo a bordo de un auto fabricado por la Graham-Paige. La marca de autos de lujo, a fin de cuentas, tuvo su despedida como fabricante en 1940 y, como se podrán imaginar, es prácticamente imposible encontrar repuestos originales.

Pero la inocencia y la simpatía de los Zapp, sumado al carisma del auto, les ha abierto muchas puertas en los últimos veinte años y posibilitó contactos que ningún viajero en una súper 4×4 de última generación jamás podrá tener.

El día 25 de enero de 2000, cuando comenzaron su aventura rumbo a Alaska, consiguieron completar apenas 50 kilómetros, hasta que el auto les dio el primer problema, en una de sus ruedas. Ahí nomás, cerquita, había un especialista en ruedas de madera. A lo largo del tiempo, esos pequeños milagros se repetirían.

El viaje inicial llevó mucho más que los seis meses previstos en un principio. En el camino llegó el primer embarazo. Nahuel Pampa nació en Carolina del Sur, en Estados Unidos, y recién en septiembre de 2003 los Zapp (ya eran tres) llegaron a Alaska.

Oficialmente, la fuente de ingresos de la familia es la venta del libro “Atrapa tu sueño”, lanzado cuando regresaron por primera vez a Argentina, en el 2004 (temporada en que nació Tehue). La historia del viaje a Alaska ya tuvo ediciones en cinco idiomas. Lo principal, sin embargo, es que siempre aparece alguien para ofrecer hospedaje, invitarlos a un restaurante o hasta ofrecer el transporte marítimo del vehículo.

En 2008, comenzaron otro viaje por América del Norte (Paloma nació en Toronto) y, en 2009, el Graham-Paige fue por barco a Sidney, donde nació el benjamín: Wallaby, nombre elegido en homenaje a un pequeño canguro.

Después de cruzar Australia y Nueva Zelanda, viajaron con el auto por Asia (de 2010 a 2012), por África (2012 a 2015) y a través de Europa (2015 a 2019), recorriendo en el mejor de los casos 200 kilómetros por día. Nunca más de eso.

La travesía de regreso a América del Sur fue en un barco a la altura del Graham-Paige: el carguero a vela Avontuur, construido en Holanda en 1920. Los Zapp fueron incorporados a la tripulación por los veinte días que duró el viaje entre las Islas Canarias y la Guyana Francesa.

Ya en Brasil, la familia pasó unos meses en Pipa, en Río Grande do Norte, terminando de escribir el segundo libro de sus aventuras. El año pasado, el primer vástago, Pampa, dejó el Graham-Paige para experimentar una vida “sedentaria” en Argentina. Allí, por primera vez, fue matriculado en una escuela y dejó de estar con su padre y su madre las 24 horas del día.

Candelaria se encargó de educar a sus hijos siguiendo un programa a distancia del Ministerio de Educación argentino. Y los chicos tuvieron aulas a los pies del Everest, de las pirámides de Egipto y de las ruinas de la Antigua Grecia. Ciudadanos del mundo, los jóvenes Zapp hablan en inglés entre sí y en español con sus progenitores.

Los gastos no son altos, ya que no hay casa que mantener, grandes cuentas para pagar o hábitos de consumo exagerados. En Río de Janeiro, los Zapp se quedaron en un cuarto de hotel abandonado en Santa Teresa, hoy transformado en un predio residencial improvisado.

El Graham-Paige también creció en los 20 años de viaje, ganando una extensión de 40 cm en la parte central del chasis y la carrocería. De tan bien hecho el trabajo (realizado en Argentina) parece original, y es necesario ver las fotos antiguas para notar las diferencias. La parte trasera del habitáculo ahora tiene dos asientos vis-à-vis, para que viajen los cuatro chicos.

Un baúl, de 1908, incorporado en la travesía por Estados Unidos, lleva la comida y los pertrechos de cocina. Todavía hay más: sobre el lateral encontramos una caja metálica hecha en Indonesia, un trabajo de fantasía decorado para integrarse al resto del auto. El techo tiene una escotilla interna que da acceso a una carpa para dormir o al “altillo”, donde viajan un skate y una tabla de surf. Por todo el suelo y en la base de los asientos hay pequeños “porta-tutti”.

Las reparaciones son incesantes. Viajando por el interior de Zimbabwe, se rajó el block del motor. Pero allí había un taller, que encaró la reparación usando incluso partes de tractor.

Michelin ya donó tres juegos de neumáticos Double Rivet 5.25/6.00 x 19”, con el diseño y las medidas originales de los años ‘20. En Lençois, en el Estado de Bahía, descubrieron que una combinación de anillos de Ford Corcel y Volkswagen Escarabajo ayudaría a devolverle compresión al motor.

“Hoy entiendo de mecánica. Pero sólo de mecánica de Graham-Paige”, se entusiasma Herman, que ya desarmó el auto completo en reiteradas oportunidades. Sólo la bomba de aceite no les ha dado, hasta ahora, problemas.

Quien puede verlo de cerca, siente que ese Graham-Paige tiene mucha más vida que cualquier clásico de colección. Y allí va el motor de seis cilindros en línea, 3.1 litros y 62 caballos, roncando fuerte y lleno de salud, consumiendo, en promedio, un litro de combustible cada cinco kilómetros. Si el auto es una casa que se mueve a 50 km/h, el mundo es el jardín de los Zapp.

http://www.argentinaalaska.com/blog/
Texto y fotos de Jason Vogel
Nota publicada originalmente en VadeRetro

 

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