La era de los minicoches posguerra: Cicostar LCS 79 de 49 cc

Lo mas curioso de todo es que los microcoches – surgidos en una época en donde la economía europea estaba en ruinas y la gente precisaba algún tipo de transporte barato para movilizarse – se han transformado en objetos de culto, joyas rodantes que se cotizan en valores de entre 5 y 6 cifras, ya sea en ventas de coleccionistas o en subastas de famosas casas de remate como Sotheby.

Cascajos del ayer, inversiones millonarias de hoy, curiosa vuelta del destino que terminó por revalorizar a esta raza de coches improvisados convirtiéndolos en objetos de adoración (y colección) de las generaciones actuales.

El concepto de microcar no se circunscribe al período de la postguerra. Los años 70 vieron el surgimiento de la crisis del petróleo con el alza de los precios internacionales de crudo por parte de la OPEP, y surgieron propuestas de todos lados para fabricar coches de bajo consumo – básicamente city cars, micro autos que permitiesen a un individuo llegar a su trabajo en la gran ciudad sin mojarse y sin efectuar un gran gasto, además de ser lo suficientemente pequeños como para estacionarlos en cualquier lado -. En los años 70s Francia hizo un llamado público para crear coches de semejantes características, y una treintena de pequeños fabricantes se presentaron con sus respectivos proyectos. La gente de Cico presentó el Cicostar LCS 79 que usaba un engine Motobecane de 49 cc y que le permitía alcanzar unos magros 45 km/h. La buena nueva es que, por su escasa cilindrada, cualquier persona mayor de 14 años podía conducirlo por Francia sin necesidad de sacar licencia. Se fabricó entre 1971 y 1983.

Esta lavadora con ruedas es un Mini Comtesse, fabricado por los franceses de Acoma entre 1972 y 1984. Como el Cicostar, fue otro de esos proyectos surgidos a la sombra de la propuesta estatal para fabricar microcars en suelo francés. Lo cierto es que los Mini Comtesse fueron muy populares y, en el boom de microcoches galos surgidos en la década del 70, los autos de Acoma se devoraban el 30% de su mercado. Tenía una puerta standard y otra levadiza (tipo alas de gaviota) y era extremadamente inestable, pero nada de eso evitó que se vendiera como pan caliente – tan solo en 1979 vendieron 3.500 unidades -. Usaba el mismo motor Motobecane 47 cc del Cicostar, aunque se hicieron gran cantidad de variantes y hasta un modelo con motor de 125 cc.

Ya hemos hablado de SMZ en la entrega II de esta serie de artículos. SMZ era una firma soviética dedicada a hacer microcars diseñados para discapacitados (como lo fue el Invacar inglés) y el S3A que vemos fue su primer modelo, producido entre 1958 y 1970. Tenía un motor de 346 cc y daba unos modestos 55 km/h. No se vendían, el estado te lo alquilaba por cinco años y, al reintegrarlos, te daban un modelo nuevo. Cuando cayó la Unión Soviética los poseedores de SMZ se las apañaron para registrarlos como propiedad privada y por ello unas cuantas unidades sobrevivieron el desguase, convirtiéndose en objetos de colección.

¿Un auto hecho de tubos y tela?. Esta carpa ambulante es el Velorex Oskar, construído en Checoslovaquia entre 1952 y 1973. El prototipo data de 1943, construido de manera artesanal por los hermanos Stransky, quienes regenteaban un taller de reparación de bicicletas. El prototipo tuvo buena repercusión y los hermanos comenzaron a tomar pedidos, poniendo al Oskar en producción a principios de los 50.

 

Otro primo del Messerschmitt KR 175: el Jurisch Motoplan de 1957. Carl Jurisch era un talentoso ingeniero que, a la edad de 24 años, ya había construido su propio motor. A finales de los 50 se le ocurrió construir una alternativa a la motocicleta, un auto de una plaza, convertible, que era mas seguro y estable en el tránsito.

Tomando la base de un sidecar – y agregando piezas de otros microcars de la época, como el mencionado Messerschmitt y el Heinkel – armó tres prototipos a los cuales salió a vender por Estados Unidos y Europa. Lamentablemente nadie quiso invertir en el proyecto de Jurisch y uno de los prototipos quedó varado en un concesionario en la Florida, terminando en manos de un coleccionista canadiense en 1994 (y transformándose en el único ejemplar que sobrevive). Tenía el mismo motor de 175 cc del Heinkel Kabine y llegaba a una velocidad máxima de 88 km/h.

 

Fuente: autosdeculto.com.ar

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