Le llevó 12 años pero restauró el auto más feo de la historia

Ciertamente Europa y Norteamérica pertenecen a mundos distintos. Al menos en lo que respecta a automóviles, ambos piensan en términos radicalmente opuestos. Para los europeos el auto debe ser veloz, bonito y lujoso, y para los americanos debe ser enorme, llamativo y poderoso. Pero hay otro aspecto que los distingue, y es que para los europeos los coches son algo artesanal y para los norteamericanos un producto industrial que se vende al por mayor. Es por ello que en Europa abundan los especialistas y los entrepreneurs, gente que – como los diseñadores de alta costura – realizan coches a medida.
Por contra, el peso de los tres grandes de Detroit parece haber matado cualquier intento de producir automóviles de manera independiente . Quizás los únicos que pudieron resistir durante décadas – aunque terminaron sucumbiendo – fueron la AMC o la Studebaker, pero pequeños y geniales entusiastas – como Preston Tucker o John DeLorean – perecieron en menos de lo que canta un gallo. A veces el exceso de ambiciones les jugó en contra y, en otras ocasiones, las megacorporaciones hicieron sus movidas para aplastarlos. Como fuera, en la larga lista de emprendedores fenecidos en el intento debemos sumar al padre Alfred A. Juliano, un sacerdote católico que construyó en 1957 el que se conoce como el primer coche experimental de seguirdad de la historia: el Aurora, una rareza de la cual sobrevive su único prototipo – restaurado totalmente en el 2005 – y al cual se le suele catalogar como el auto más feo jamás producido.

Juliano había sido estudiante de bellas artes, y toda su vida le había apasionado el diseño de autos. Quería ser innovador y futurista. Por otra parte estaba convencido de que los coches debían ser mucho más seguros – una idea que no era nueva, ya que Preston Tucker había aplicado algunos mínimos conceptos de seguridad en su Torpedo de 1948 -, y decidió construir artesanalmente un auto que contemplara todo tipo de eventualidades (una tarea que le demandó 2 años de bosquejos y 3 de construcción de piezas y ensamblado de las mismas) . Algunas de las incorporaciones de Juliano eran realmente revolucionarias para la época – cinturones de seguridad, jaula anti vuelco, barras laterales de impacto, asientos giratorios (capaces de rotar 180 grados en caso de choque y proteger de ese modo a los pasajeros), paragolpes acolchado capaz de amortiguar impactos de todo tipo (y pensado, además, para reducir los daños a peatones en caso de atropello), cilindros de espuma (instalados en el tablero y en la parte trasera de los asientos) para absorber impactos, y un parabrisas en forma de bulbo, hecho en plástico y situado muy lejos de los asientos delanteros, con lo cual se disminuía notablemente el riesgo de que los pasajeros fueran alcanzados por astillas -. Muchos de estos aditamentos hicieron al auto extremadamente pesado, razón por la cual contaba con un sistema de cuatro tijeras hidráulicas montadas bajo el chasis, las que se operaban desde el tablero y permitían elevar automáticamente el guardabarro que se quisiera para efectuar el cambio de neumáticos.

El punto es que el Aurora no pasó mas allá de su primer y costoso prototipo, el cual llevó a Juliano y su recién fundada empresa a la ruina. El proyecto estaba mal perfilado desde el vamos – además del problema de la estética, Juliano planeaba venderlo casi tan caro como el auto más lujoso de la época (el Cadillac ElDorado). Su precio de venta era de unos 12.000 dólares y, por otra parte, carecía de elementos mecánicos propios, ya que tomaba un chasis Buick y le adosaba un motor Cadillac (aunque en el folleto lanzamiento se anunciaba que se podía optar por motorización Chrysler o Lincoln) -. Para colmo la mecánica del coche falló en el momento de la presentación y, sumado a su bizarro aspecto, el público terminó por darle la espalda.

En poco tiempo las cosas se complicaron para Juliano. Sin pedidos sobre su innovador auto, se vió envuelto en una serie de acusaciones sobre malversación de fondos y evasión de impuestos. Las deudas llevaron a Juliano a la quiebra, y su desesperante situación financiera le impidió abonar la última cuenta del mecánico.

Juliano acusó una instigación con origen en General Motors, fue investigado por el IRS americano y la propia Iglesia Católica le acusó de malversación de las donaciones de los feligreses, siendo así expulsado de la Orden del Espíritu Santo. El Aurora pasó por varias manos antes de ser finalmente abandonado detrás de un taller de reparación de automóviles en Cheshire, allá por 1967. Juliano murió de una hemorragia cerebral en 1989.

En 1993 cuando Andy Saunders – un diseñador de coches inglés – logró dar con el paradero del maltrecho Aurora luego de años de búsqueda. Tardaría 12 años en restaurarlo a su estado original, pero el esfuerzo valdría la pena.

Lo compró por unos 1.500 dólares al taller y se lo llevó a Gran Bretaña pagando un traslado de 2.000 $ adicionales. Obviamente, el coche estaba en muy malas condiciones debido a su exposición a la intemperie. La restauración se complicó mucho por falta de piezas originales, la escasez de documentación adecuada y por las pocas fotografías del modelo. Sin embargo, la restauración se completó a principios de 2005 y el coche se dio a conocer en el Goodwood Festival of Speed. Actualmente te encuentra expuesto al público en el Museo del Motor de Beaulieu (Inglaterra).

 

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